Usar la difamación es una forma de corromper a la política. Es corrupción mediática cuando la difamación es difundida como información. Y es corrupción judicial cuando se transforma en causa judicial, como la gran mayoría de las que armaron contra los ...
Usar la difamación es una forma de corromper a la política. Es corrupción mediática cuando la difamación es difundida como información. Y es corrupción judicial cuando se transforma en causa judicial, como la gran mayoría de las que armaron contra los opositores a Macri, empezando por Cristina Kirchner.El azote de Elisa Carrió alcanzó a los enemigos internos de Mauricio Macri.. Imagen: NA.
Y esa irregularidad miserable en la detención de Boudou tendría que haber tenido alguna consecuencia en el desarrollo de esa causa. Pero no hubo protesta pública.Esa causa se realizó bajo una furiosa presión mediática de las empresas que se habían perjudicado con la nacionalización de las jubilaciones; compraron a Alejandro Vandenbroele como arrepentido y por su declaración le dieron el hotel boutique que ahora tiene en Mendoza.
Boudou fue condenado porque establecieron una supuesta relación con Vandenbroele, que era amigo de un amigo suyo. Esa sola presunción fue tomada como prueba indiscutible. En cambio califican de insustancial que los jueces y fiscales que tienen que juzgar a Cristina Kirchner, vayan a jugar al fútbol a la quinta del poderoso millonario, enemigo político de la vicepresidenta y acusado de montar la persecución judicial contra ella.
La concentración de medios en la Argentina y la composición tan retrógrada de la pauta publicitaria privada convierte a ese periodismo de guerra en la voz que más se escucha.El daño que han cometido con el ejercicio del periodismo tiene su correlato en el que le infligieron al Poder Judicial con ese mecanismo. No es que no existiera antes, sino que
A la corrupción de la comunicación y el periodismo y del Poder Judicial hay que sumarle lo que pasa en el terreno de la política, muy ejemplificado en la interna de Juntos por el Cambio por las denuncias de Elisa Carrió contra sus adversarios en esa disputa. Algo similar al alegato del fiscal Luciani en la causa contra Cristina Kirchner y otros ex funcionarios. Es tan sobreactuado y lleno de calificativos y sobrextendido en el tiempo que resulta imposible ignorar que ese barroquismo disfraza la falta de sustento real.En un principio, las denuncias de Carrió fueron creídas por propios y ajenos.